Previously on Lost´n Rol:
Bruce levantó la mirada. Al este, sobre el horizonte verde formado por las copas de los árboles, se alzaba una espesa columna de humo negro.
-¿Qué demonios?
-La señal- musitó Frances-
¿ya han pasado diez días? Hoy debíamos encontrarnos con Rousseau…ella prometió traernos a Darío..
-
¿Quién es Rousseau?-preguntóLigeia-
Es una larga historia-respondió Frances-
pero si nos dirigimos hacia allí es posible que volvamos a encontrarnos con los demás.
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Season 2: FINALE
Michael empuñaba la pistola con frialdad, con seguridad. Sabía que estaba en una lucha por la supervivencia y aquella era su mejor baza, y aún así, no podía evitar sentirse asqueado. James sudaba delante de él, temeroso de lo que pudieran hacerle sus otrora amigos y compañeros. Irathor contemplaba la escena desde atrás, supervisando, mientras Jonhy trataba de buscar en su interior un poco de valor para enfrentarse a lo que fuera que había allí fuera. Brenan estaba asustado y acobardado, como siempre, temblando y rascándose sin parar las pústulas y llagas, ante la asqueada mirada de Mike, que buscaba por todos los medios una explicación a como habían llegado a esa situación.

El agua fluía nítida por debajo del puente. Los dos se encontraban pensativos. Mike acababa de terminar con una tortuosa relación, dañada por las mentiras y la desconfianza. Dexter, como siempre, se encontraba animándolo.
Un cisne surcaba el río, dejando suaves crestas tras de sí, y Michael, cansado de mirar al vacío, invitó a Dex a cenar. Una noche de cena, copas y charla no le haría ningún mal.
El coche policial trasladaba a Dexter y Tania hacia los juzgados. El tiempo pasado en los calabozos no les había sentado muy bien, pero al menos los trasladaban juntos y tenían un rato para charlar entre ellos, lejos de miradas indiscretas. Delante suya, protegidos por un cristal antibalas de varios centímetros de espesor, dos policías no les quitaban ojo de encima, pero aún así no podían oír sus susurros.
-
Tenemos que salir de esta –dijo Dexter
Tania respondió con un bufido.
-Pues como no esperes que estos dos tipos tan agradables que nos acompañen estrellen el coche y se abran las puertas gracias al impacto…no se cómo va a ser posible.
-Demasiado televisivo para mi gusto-contesto un alicaído Dexter al darse cuenta de la cruda realidad.
Aún no había tenido tiempo para pensar en un nuevo plan
cuando un fuerte golpe le lanzó hacia delante, haciendo que su cara impactará contra el cristal y partiéndole un labio. Aún así, la herida no era nada comparada con el impacto que había tenido lugar. Tania se había golpeado la cabeza y estaba semiinconsciente, mientras que un policía había atravesado el cristal y el otro balbuceaba incoherencias con la cabeza ensangrentada por varios sitios. Dexter intentó despertar a Tania, y cuando esta abrió los ojos le dijo:
-
Solo falta que las puertas estén abiertas
No hizo falta tanto. Alguien abrió desde fuera y los arrastró, introduciéndolos en un sedán negro antes de que tuvieran tiempo a recuperarse de la conmoción.
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Bruce, Frances y Ligeia caminaban por la selva. No muy lejos de ellos, el grupo de Irathor hacía lo mismo, en la sentido contrario, pero siguiendo la misma dirección. La columna de humo negro parecía un faro que los guiaba a un esperado reencuentro.
Brenan había sido el primero en ver el humo, y se había asustado. Mucho. Irathor casi lo había golpeado para dejarlo inconsciente cuando, presa del pánico, había intentado huir musitando “el humo negro…el humo negro”. Jonhy no podía hacer otra cosa que relacionar el temor de Brenan con la extraña historia que James había contado, pero aún así siguieron caminando, en busca de la francesa y esperando obtener algo claro de todo aquello.
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La playa estaba vacía. La hoguera estaba prendida en medio de la arena, pero no se veía a nadie. Frances dijo a Bruce y a Ligeia que mejor esperaban a ver qué pasaba. No tuvieron que esperar mucho, de entre el follaje, Rousseau apareció llevando un bebé en brazos, y mirándoles extrañada, ya que a pesar de encontrarse allí con su hija, echaba en falta a los líderes de aquel grupo. Además, algo no encajaba, la cara de Frances expresaba toda la sorpresa que le produjo encontrarse con la francesa sosteniendo a un recién nacido en brazos.
-
Aquí tenéis al chico- dijo Rousseau ofreciéndoles al bebé.
-
Pero…pero…ese no es Dario…¿a quién has traído?
Rousseau se extrañó ante este comentario, pero poco a poco se iba acercando a ellos. Bruce en un susurro musitó:
-
Ella no pertenece al grupo. No creo que tenga ni idea de quién es Dario…mejor vayámonos de aquí.
En aquel momento Rousseau casi había llegado a donde estaba
Frances, y extendió el brazo para tocarla…pero un disparo en la arena la echó para atrás. Girando la vista, vio a Irathor empuñando un arma, y con cara de muy pocos amigos.
-
Tocar es más caro, gabacha. Será mejor que te pongas unos metros más atrás y empieces a explicarnos porque coño no nos has traído a Dario. Y por cierto, hola Frances, Ligeia y Compañía…os habíamos echado de menos. Mucho gallo en el gallinero…
Rousseau dio un par de pasos hacia atrás, pero lejos de ser debido a la amenaza de Irathor, lo había hecho debido a la visión que acababa de tener: detrás de Jonhy, aún a medio aparecer de entre la selva, y cubierto
de llagas y pústulas, se encontraba Brenan, el último superviviente de su
expedición, el que se había llevado las llaves y los había dejado solos en la superficie. Parecía que la enfermedad se había cebado con él.
Michael se daba cuenta de todo esto mientras seguía apuntando a James a la cabeza.
-
Se conocen…-musitó
-
Ya os lo dije- replicó James-.
Este pobre diablo no tiene nada que ver con el secuestro de Dario.
La voz de Rousseau se elevó por encima de los murmullos de esta conversación.
-
Tú. Deberías estar muerto…estás enfermo…, nos vas a contagiar… todos..deberías…deberías…
Mientras decía esto, iba levantando el rifle, de forma precaria debido al niño que aún sujetaba en brazos. Irathor le dio el alto, apuntándola con su pistola, pero la francesa ni se inmutó. Brenan, viendo la que se le venía encima echó a correr hacia la selva.
El disparo hizo que todos se sobresaltaran. Brenan calló desplomado, oculto entre el follaje.
-
Dios, que ganas tenía de hacer eso- dijo Irathor con júbilo, mientras su arma aún humeante apuntaba ahora a la francesa.
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Por fin algo bueno
había salido de todo aquello. O quizás no, quizás fue una casualidad, pero qué importaba eso ahora? Julie estaba allí, y esta vez no iba a permitirse perderla de nuevo.
-
Lo que resulta más irónico es haberte buscado todo este
tiempo sin ningún resultado, y que seas tú quién me encuentre ahora, dijo Mark.
-
Todo en nuestra relación ha resultado ser irónico,
no?
-Qué sí Tony... estoy de camino. Que no es tarde, no ves que sólo son las... – Mark miró su reloj – OK, tienes razón, son las 17.15 voy volando.
Colgó su teléfono y apresuró el paso. Desde luego,
para una vez que se prestaba para ir a recoger a su ahijado y iba a llegar
tarde. Al menos eso le iba a librar de hacer canguros en el futuro!
-Hola, disculpe caballero... vengo a recoger a John Martin
-A qué clase va? Dijo el conserje...
-Pues... – cómo no sabía a qué clase iba? – la verdad es que no soy su padre y no lo recuerdo, si me disculpa puedo llamar y...
-Está en 1º curso, dijo una voz a sus espaldas
Mark se giró, y le pareció que un ángel iluminaba el pasillo. Esa mujer era preciosa, lo más hermoso que había visto nunca.
-Usted debe ser el señor Castillo. La señora Martin me dijo que vendría a recoger usted a John.
-Castillo al habla, ése soy yo. - Castillo
al habla, ése soy yo, menuda frase.
-Yo soy Julie, la profesora de John.
-
-
Tan pronto quieres llevarme a la cama?
Mark le guiñó un ojo a su esposa. Habían llegado ante las puertas de un motel.
-
No seas tonto Mark, me alojo aquí. Vamos a tomar algo y pongámonos al día.
Sin embargo, esa copa no resultó tan provechosa para Mark como había imaginado. Tenía tantas preguntas qué hacerle a Julie, pero ninguna le fue respuesta: por qué había huido, dónde había ido, por qué coger ese avión, por qué no lo cogió al final, por qué, por qué, por qué... Sin saber cómo, fue Mark el que acabo contestando a Julie: cómo había intentado buscarla, cómo la dio por muerta, su búsqueda del Oceanic, la gente a la que había conocido, Nadir, la muerte de Volda, la supuesta isla...
-
Isla?
-
Sí, parece que los restos del avión son un montaje. Volda habló de una isla en sus visiones, y Levon parecía conocer algo acerca de ella, además ateniéndonos a todas las piezas que hemos encontrado hasta ahora...
-
No busques esa isla, Mark. Por favor.
Eso le sorprendió. Que no la buscará?? Que sabía ella acerca de esa isla? Tenía algo que ver con que no hubiese tomado el fatídico vuelo??
-
Ahora ya estoy aquí, sonrió Julie. Sin embargo, Mark la conocía lo bastante para saber que esa advertencia encerraba algo más.
Bastantes copas más tarde, pareció aflorar algo más de la sinceridad de Julie. De camino a la habitación, parecía profundamente arrepentida de aquellos meses...
-
Lo siento mucho Mark, nunca he querido hacerte daño. Nunca. Te quierodemasiado... Pero hay cosas de mí que no sabes, cosas que no puedo contarte todavía, necesito tiempo, necesito saber que puedo confiar en ti...
-
Puedes confiar en mi cariño, ya lo sabes
-
Sí pero... es algo más difícil que todo eso. Es todo tan complicado!
-
No llores Julie, por favor, te perdono.... te perdono.
Se fundieron en un abrazo, y para Mark todo volvió a ser como entonces. Como cuando su vida no era tan complicada... con su librería, su flamante esposa, sin búsquedas, sin misterios, sin asesinatos... Sólo Julie.
-
Oh, cariño, me he dejado el abrigo en el bar. Toma la llave, en seguida vuelvo.
-
Habitación 815, desde luego sí que es irónico – dijo Mark recogiendo la llave que le tendía.
-
La miró alejarse unos pasos y se encaminó hacia el final del pasillo...
-
Mark – Julie se había girado y le llamaba –
Por favor, no me odies.
Odiarla? Cómo iba a odiar a Julie? Qué importaban sus motivos para irse, lo importantes es que había vuelto Ya tendrían tiempo de aclarar las cosas. Abrió la puerta de la habitación y encendió la luz.
-
Qué demonios...??
-
Mamá?? – el niño le miró sorprendido. En su pecho había una nota que aún en la distancia podía leerse...
“Protéjele.
Te quiere, Julie”
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Dexter y Tania fueron conducidos a un despacho amplio, pero frio. Las paredes se mostraban vacías, y las persianas entornadas no daban la
calidad necesaria como para tranquilizarles los ánimos. El edificio estaba en el barrio viejo, y habían subido por la escalera de un edificio de viviendas. Extraño lugar para tener una oficina. Los habían conducido allí, y los abían dejado solos, sin responder a ninguna de sus preguntas.
Ahora la puerta se habría, dando paso a un hombre alto, bien vestido, y con una fable sonrisa en la cara. Una sonrisa de esas que te
reconforta, pero que a la vez te dice que allí manda él, y que o estás de su parte, o estás contra él. Una sonrisa, que además te sugiere gráficamente de que parte es mejor estar.
-
Bienvenidos. Lamento que les hayan traído aquí de manera tan brusca, pero era necesario. Permítanme presentarme, me llamó Carter, Jack Carter.
-Ehh…encantado, yo me llamo Dexter, y esta es Tania…
-No, amigo, en eso os equivocais- le cortó Carter, sacándose de un maletín un fajo de papeles-.
Dexter y Tania acaban de fallecer en un accidente de coche mientras eran trasladados desde la comisaría. Ustedes
son…bueno, dejemos que lo descubran ustedes solos.
Les ofreció el fajo de papeles, entre los que se encontraban nuevos pasaportes con nuevos nombres, y un montón más de aburridos rellenos
burocráticos que habían sido puestos a su nuevo nombre. Cuando levantaron la cabeza, se dieron cuenta de que Carter se había ido. Asomándose a la puerta, descubrieron que no era el único que faltaba: la vivienda estaba vacía, y la puerta abierta de par en par.

Los carnés falsos funcionaron de maravilla. A la entrada de la discoteca se los habían mirado de arriba abajo, pero ya estaban acostumbrados, no era la primera vez que los usaban y en los últimos dos años no se separaban de ellos. Estaban deseando poder utilizar los suyos propios y
dejar atrás el nerviosismo que sierre acompañaba a esos instantes, pero la verdad es que hasta ahora no habían tenido ningún problema con ellos.
La discoteca estaba atestada. La música disco se elevaba por encima de cualquier otro sonido presente en el local, y unas salerosas bailarinas animaban a los asistentes desde sus cogoteras. Mike sonrió a Dexter, y ambos se encaminaron al centro de la pista, en donde rápidamente comenzaron a hacer nuevas amigas.
Mike aún apuntaba a James, pero cada vez conocía menos los motivos. Ahora no sabía si apuntar a la francesa, o a Irathor, que parecía haberse vuelto loco. Horrorizado, al igual que Jonhy, observó como el hombretón
se acercaba a Rousseau y le ponía la pistola a unos centímetros de la cara.
-Bien, estoy cansadode juegos, como puedes haber visto. Así que o me dices ahora mismo quien sois, que cojones queréis de nosotros y donde coño está Dario, o juró que te vuelo la tapa de los sesos. Voy a acabar uno a uno con toda tu maldita tribu de novela barata de supervivientes.
Una voz lo interrumpió desde atrás.
-
Ella no es de la tribu.
Irathor se giró:
-
Y tu…¿Quién cojones eres?
-Me llamó Bruce, soy pasajero del 815, y fui al poco de estrellarnos contra la isla, igual que ellas dos…y que él.-su cabeza apuntó tímidamente a Michael
Irathor le miró con gesto interrogante. Molina se encogió de hombros.
-
Puede ser…pero no estoy seguro, estuve muy pocas horas con ellos. Apenas me acuerdo de la chica que sabía primeros auxilios, y del negro mazas que se esforzaba en echar una mano a todo el mundo.
Irathor volvió a mirar a la francesa.
-
Bien, pues cuéntanos entonces que sabes del tipo que yace muerto entre los matorrales, y de esa misteriosa enfermedad.
-Brenan nos traicionó. Encontramos un refugio, pero dijo que estaba maldito y se fugó con la llave. La gente enfermó, Montagne perdió un brazo. Al final murieron todos. La enfermedad es incurable. A Brenan le has hecho un favor.
-Pues juro que no era esa mi intención.
En la selva, un sonido se escuchó, un golpe sordo como de
algo cayendo.
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Qué estaba haciendo? Porque iba sola a un lugar cómo aquél, que no conocía, de noche, para reunirse con alguien que, por lo que ella sabía, era como mínimo alguien capaz de secuestrar y, quién sabe, quizás también de cosas peores.
Pero Rachel siempre confiaba en que las cosas pasaban porque tenían que pasar…

-Así que vas a coger ese avión?
-Sí Rachel, creo que es la mejor opción que tengo… No puedo quedarme con el niño, ya lo sabes, es todo demasiado complicado.
-Pero Claire… Malkin dijo que sólo tú debías criar al niño?
-Sí claro, Malkin dijo eso después de cambiar varias veces de opinión. Además Rachel, tú me llevaste a verle y, qué esperabas con eso?
-No lo sé… pero desde luego no que te fueras así. No me digas por qué, pero tengo un mal presentimiento con este viaje. Y entregar a tu hijo…
-Mira Rach, ya sé que para ti debe ser difícil de entender – Claire cogió su mano y la apretó con fuerza – mira,
no es que yo no quiera a mi hijo, simplemente es que no puedo criarlo. No tengo dinero, ni edad, mi madre está más muerta que viva…. no tengo medios para criarlo, esta es la mejor opción. Y sabes una cosa, que tú seas adoptada me ayuda a tomar esta decisión…
-Que yo qué…?
-Sí, sé que crees que tus padres biológicos te abandonaron sin más, pero ahora que yo estoy en el otro lado, sé que debió ser muy duro para ellos tomar esa decisión. No puedes saber qué les empujó a eso, pero seguro que fue una decisión muy meditada. Y mírate… has crecido con unos padres que te adoran, y a los que tú adoras también; eres una chica perfectamente normal y muy querida.
-Tienes razón Claire. Al menos conservo la esperanza de que mi padre no sea un imbécil como resultó ser el tuyo…
Las dos chicas reían, y se abrazaron.
-
Puede dejarme aquí, muchas gracias.
El taxista se giró y miró a Rachel: -
está segura señorita, los muelles no son un buen lugar para una chica sola a estas horas…
-
Estaré bien, no se preocupe.
Y ahora qué? Pensó al bajar del taxi. Se supone que tengo que esperar aquí, debo buscar alguna pista, volverán a llamarme...
-
Rachel! – una voz gritó su nombre a lo lejos. Por detrás de la niebla pudo vislumbrar una silueta que le era familiar.
-
Nadir? Gracias a Dios, estás bien??
-
Sí Rachel, sí. Muchas gracias por venir, la verdad… dudaba que vinieras.
-
Pero qué ha pasado? Me llamaste tú, te han hecho algo…?
-
Yo fui quien le llamó – una mujer se acercó por detrás de Nadir.
A pesar de que a la extraña se le entrevía un revólver en el
bolsillo de su ceñida americana, no tenía una imagen para nada amenazadora. En las escenas de esa noche que Rachel había engendrado en su imaginación, aparecían matones y hombres enormes, con cara de asesinos… desde luego, no alguien poco mayor que ella, y sola.
-
Rachel, siento mucho si la he asustado hace un rato. Como Nadir seguro le contará más adelante le secuestré… sólo quería información sobre su amigo Zohar, pero no le hemos hecho daño, eso también se lo podrá corroborar él –
Rachel miró a Nadir, que asintió con la cabeza –
Pero tenerle a él, y hacerle pensar a usted que corría peligro, era el
único modo de hablar con usted.
-
Conmigo? Pero por qué, qué quiere de mí?
-
No quiero nada en especial… si acaso, colaborar en su búsqueda. Quizás nuestros intereses finales sean distintos, pero nuestro objetivo pasa por encontrar al vuelo 815, y a sus pasajeros. Las dos sabemos que no están muertos, pero además, yo tengo alguna información que podría serle de ayuda.
-
De verdad? Y porque se supone que debo confiar en usted? Ni siquiera sé quién es…
-
Claro, disculpe – la mujer le tendió la mano –
me llamo Madeline LeBrook, y soy tu hermana Rachel.
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Randy saltó a tierra. 4 metros de caída desde la copa del árbol. Posiblemente le hubieran oído, pero no importaba. Había visto toda la escena, y ya sabía demasiado. Ahora tenía que mandar un informe. Rousseau había sido ya detectada varias veces, y si no fuera porque su estado mental no era el más aconsejable, podría haber supuesto un problema. Tenían que tomar cartas en el asunto.
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En la playa, Irathor había agarrado a la francesa ante el primer signo de alarma. Jonhy pidió un poco de calma, y Ligeia y Frances no sabían a qué atenerse.
Irathor cada vez se encontraba más inseguro, y con esa inseguridad crecía su nerviosismo, y su dedo temblaba un poco más cada vez. Sabía que había algo en todas aquellas confesiones que se le escapaba. Algún
hilo suelto. Una vez más, lo intentó con la francesa.
-¿Qué sabes de los Otros? Si quieres seguir viviendo, más te vale empezar a contestar a mis preguntas.
Un grito rompió la escena. En la linde de la selva, Frances y Ligeia habían desaparecido, arrastradas hacia la espesura. Bruce se encotraba atónito, y de repente, a su lado, surgió una figura grande e imponente.
Un tipo grande y fuerte, vestido en harapos y con barba acababa de hacer acto de presencia, y todos los presentes enfocaron sus armas en él.
-
Hola Bruce.–saludó el desconocido
-¿Tom?
El hombretón se rió un poco, y dijo:
-
Tenemos una misión secreta hoy, chico. Una pena que te hayas ido, te echaré de menos.
Irathor cortó la afable conversación.
-¿Dónde están las chicas?
-A salvo. Muy cerca. No les vamos a hacer daño, a no ser que tu le hagas daño a nuestra amiga.
Rousseau escupió el suelo con desprecio.
-Mira, Cole, vamos a hacer una cosa. Tú y tus amigos os alejáis de aquí, dejáis a Rousseau tranquila, y Frances y Ligeia se reunirán ahora mismo con vosotros. ¿trato?
Irathor gruñó, pero de repente, notó una punzada en el cuello. El sonido del disparo tardó una décima de segundo más en llegar. Parecía que estaban rodeados.
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Cuando se embarcó en esa aventura no prentendía llegar tan lejos…Ayudar a Tanya, y a los demás, mientras que eso no chocará con sus propios intereses. Pero no imaginó que su anterior relación con Tania fuera todavía tan importante para él, ni que establecería con los demás esos lazos afectivos. Pero había matado a Volda, y eso lo cambiaba todo.
Levon bajó del coche y se encendió un cigarrillo. La espera era interminable… y eso no estaba nada bien; cuánto más pensara en lo que había hecho, en lo que tenía que hacer, más dudas le inundaban. Estaba bien esa reunión, valía la pena?
-
Buenas noches Levon.
Levon tiró el cigarrillo al suelo, lo apagó y, lentamente, se giró hacia su interlocutor.
-
Buenas noches Richard. Qué tal todo?
-
No puedo quejarme…
Esos formalismos estaban de más, los dos lo sabían, pero habían sido educados como caballeros. Dos educaciones distintas, dos mundos
distintos, pero unas enseñanzas comunes…

-Los buenos eh, papa? Qué demonios es esto, una película de gángsters?
Levon cerró la puerta de la casa y salió al jardín. Ando y ando, sin rumbo alguno, hasta llegar a la valla. Sin saber todavía adonde ir, tecleó el código de seguridad y siguió andando hasta lo alto de la colina,
donde el mar rompía bajo sus pies.
-Condenada isla, tienes unos amaneceres preciosos…
-[font]
-
Acabemos con esto Alpert.
-
Creí que querrías ponerte un poco al día… Ya sabes: qué tal la familia, los amigos...
-
Qué tal la experimentación, tal vez??
-
No hace falta ser sarcástico Lev. Sabes que todo lo que hacemos…
-
… lo hacemos por el bien común. Claro, muy loable de vuestra parte.
-
De nuestra parte. Eres uno de los nuestros, de lo contrario no estarías aquí.
En eso tenía razón… seguía haciendo lo que ellos querían,
seguía trabajando para ellos. Le habían devuelto su vida, al menos parte de ella, sí, pero a qué precio. Toda su integridad estaba perdida.
-
Bien, este es el disco de Widmore. Espero que lo que contenga valga el precio que Volda tuvo que pagar.
-
Sí, lo siento por él. Pero no estaba en la lista… era alguien prescindible.
-
Entonces por qué no lo matasteis vosotros? Por qué tuve que hacerlo yo?
Sabía que Richard no iba a responder a eso, pero necesitaba decirlo, necesitaba gritarlo. Había matado a un hombre inocente, y todo por qué.
-
Qué se supone que hay en ese disco?
-
Widmore está organizando una expedición a la isla. No sabemos cómo, pero sabe por dónde empezar a buscar, así que si la localiza… debemos estar preparados. Debemos saber lo que él sabe. – Richard hizo una pausa tras la cual le tendió la mano a Levon –
Bien, debo irme ya. Como siempre ha sido un placer verte.
Levon le estrechó débilmente la mano y se dirigió hacia su coche. Richard seguí allí de pie, hasta que el se dispuso a abrir la puerta, momento en el que recordó algo:
-
Richard, saluda a mi padre.
Ahora sí Richard dio media vuelta y desapareció por donde
abía venido. Sentado en el coche, Levon cerró las ventanillas y se palpó e
bolsillo. Sí, allí estaba. En un acto automático, sin pensar, hizo aquello que
tan largamente había meditado esos últimos días… Lo había dejado todo
dispuesto: el dinero para sus sobrinos, la casa, Tanya… así que sin pensarlo dos veces sacó el revólver, apuntó a su cabeza y murmurando un
“ lo siento” apretó el gatillo.
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Frances y Ligeia salieron de la espesura, encontrándose con ellos dos kilómetros alejados de la playa. Parecía que habían cumplido la promesa. Volvían a estar todos juntos. O casi todos. Aquella isla no hacía más que ponerlos en aprietos y sacar lo peor de ellos mismos, pero aún así habían
llegado hasta allí.
Michael apartó por fin la pistola de James. Suponía que no estaba conspirando contra ellos. “
Aún así”, pensó “
Jamás sería capaz de matar a nadie”

La puerta se abrió en la oscuridad. La música inundó el callejón hasta que finalmente la puerta se cerró de nuevo. Ahora solo se oían las risas de la pareja. Ella parecía especialmente fogosa, como si el alcohol la hubiera excitado a niveles más a los de lo socialmente establecido. Se apoyaron contra la puerta. Era una salida de emergencia, así que nadie la iba a usar y nadie les molestaría.
Ella masculló una maldición, y excusándose volvió a entrar, dirigiéndose al lavabo. Él se quedó solo.
Una sombra se movió a su espalda. Se asustó. Luego vi a un hombre elegante aparecer entre las sombras, y el miedo dejó paso al terror. El rostro que acababa de ver era el último que querría haber visto nunca. Tampoco querría haber visto nunca la pequeña pistola que apuntaba directamente a su pecho, y sin embargo, fue lo último que vio en su vida. Sin hacer ruido, sin que la pistola tronara en el aire, sin nadie cerca que le viera caer, solo se desplomó, incrédulo, mientras la vida se escapaba por la herida de bala que se alojaba en el pecho.
El no tan desconocido se acerco. Para cuando estuvo a su altura, allí solo había un cadáver. Rebuscó en los bolsillos y encontró la cartera con el carné falso. En seguida lo reconoció como tal, y sacándose un móvil del bolsillo, marcó un número.
-He liquidado a uno
-……
-Si, muerte confirmada. Usan carnés falsos. ¿Que hago con el otro?
-……
-De acuerdo
La puerta se volvió a abrir justo en el momento en que colgaba el teléfono. Se dio la vuelta, desapareciendo en la oscuridad, pero el
recién llegado le había visto, y al igual que el amigo al que salía a buscar
también le había reconocido. Boquiabierto aún, y sin darle tiempo a perseguir al fugitivo, reparó en el cuerpo tendido contra la pared, apenas dos metros a la izquierda de donde había salido.
Ver a su amigo yacer muerto le dejó de una piedra, pero aún así, tuvo la uficiente sangre fría como para huir del lugar del crimen sin esperar a la legada de la policía, no sin antes musitarle una última promesa a su ompañero del alma: iba a vengarle, iba a matar a Sayid Jarrah.
