Lost&Rol. Season 3. Capítulo XX. Finale. Enfrentando al destino (Segunda parte)Sostuve la cálida taza de café entre mis manos. La tranquilidad, la esperanza y la firmeza se habían escapado de ellas y sólo quedaba aquella incertidumbre que delataban tanto mis ojos como los de mis dos compañeros.
A mi lado, ella parecían tan absorta entre sus pensamientos como yo lo estaba entre los míos, mientras que Michael se paseaba de un lado a otro por la cuidada madera del barco, impaciente e indeciso.
Ligeia: - Es lo mejor, Mike
Michael se detuvo como si el primer sonido que surcaba el aire desde hacía varios minutos le sacara de su ensimismamiento.
Frances: - Bueno, me parece más bien que es la única opción que nos va a dar esta gente.
Alejé mi mirada unos cuantos metros hacia donde, reunidos en una improvisada reunión circular, los hombres que nos habían atendido aquellos tres días hablaban pausadamente mientras esperaban nuestra reacción. Aquella mujer, Jane, de vez en cuando posaba sus ojos sobre nosotros con curiosidad durante un tiempo y luego retomaba el hilo de la elegante conversación.
Algo me decía que Mike tenía razón.
Aún había de hacerme a la idea de todo aquel secretismo que parecía rondar el acontecimiento de nuestro rescate, de todas aquellas personas tan interesadas en la isla, en quienes al parecer habitaban en ella, y la inquietante certidumbre de que también nosotros tres les resultábamos sumamente valiosos.
Frances: - ¿Qué otras cosa podemos hacer, Mike? Hemos estado días vagando por el mar, y ni siquiera esta gente dice ser capaz de saber con certeza dónde está la isla. No tenemos forma de informar sobre su localización ni de volver.
Michael:- Ya, pero ¿qué hay de mentir y de ocultar todo lo que pasó? ¿Qué pasa con Irathor, Zohar, Darío, qué pasa con la verdad sobre el accidente de nuestro avión?
Ambas bajamos la mirada aceptando la verdad en todas las palabras de Michael.
Ligeia: - Ya has oído todo lo que nos han dicho –espetó Ligeia – y tú mismo lo has visto. Hay algo en esa isla, Mike, no es un sitio seguro. Si decimos todo lo que ha ocurrido, es posible que muchas personas corran peligro, muchas más que las que se quedaron. - bajó la vista hacia el reluciente pasaporte que sujetaba cuidadosamente con sus manos y se aferró a él con más fuerza. - Yo sólo quiero empezar de nuevo; olvidar todo esto. ¿Vosotros no?
Se hizo un momento de silencio, y por fin Mike habló.
Michael: - Yo me niego a abandonarles como perros.Día 84. Noche. En la selvaNina encendió las antorchas con el zippo oxidado que siempre llevaba en su bolsillo. Mientras tanto Zohar se acercó al pequeño riachuelo que acababan de dejar atrás para rellenar las cantimploras. En ello estaba cuando al otro lado del río intuyó una cabaña abandonada y sucia, pero con una luz en su interior. Jadrash quedó tan sorprendido del hallazgo que no dudó en cruzarlo y acercarse a ver quién habitaba allí.
Dentro la luz se volvía más y más intensa según se acercaba, o quizás fuera producto de la oscuridad que ya reinaba fuera. Zohar se acercó cuidadosamente a la ventana más cercana. No podía creer lo que estaba viendo. Tras los cristales vio la habitación del hospital donde vio por última vez a su madre con vida. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir allí seguía la cabaña, la habitación y su madre en la cama y conectada a diversas máquinas. Después de un rato Zohar vio que en la habitación había alguien más. Se trataba de un hombre alto, rubio, bien vestido. Entre sus manos llevaba una chocolatina Apollo la cual dejó en la mesa al levantarse. Se acercó a la mujer, la besó en la frente y desconectó la máquina que hacía que siguiera respirando. El pitido se convirtió en un sonido ininterrumpido en pocos segundos.
Por la mejilla de Zohar una lágrima caía hasta que llegó a la boca. El joven cerró los ojos ahogando el grito que tantas ganas tenía de dar. Desenfundó su katana e intentó clavarla en la ventana de la cabaña pero esta había desaparecido. Jadrash no tuvo fuerzas nada más que para caer de rodillas en el suelo y comprender que aunque el que había desenchufado a su propia madre en el pasado fuera él mismo, siempre fue motivado por fuerzas superiores que nunca conseguiría entender.
10 de diciembre. Fiji.- Cómo qué no vienes?
- No voy con vosotros, os lo repito, no puedo.
- Rachel, entiendes que esta es la última oportunidad? Nos lo dijo Tom, si no subimos ahora jamás llegaremos a la isla.- Lo sé Levon, lo sé – Rachel no podía creer que le estuviera pasando aquello precisamente ahora –
Escuchadme, las cosas han cambiado para mí yo…- Tú ya no quieres encontrar a Claire? – preguntó Tanya
- No, no no no… no es eso. Por supuesto que quiero encontrarla pero…- Rachel, sólo te has apartado de aquí unos minutos. Qué demonios te ha pasado, qué es lo que ha cambiado?
- No puedo decíroslo chicos yo… alguien corre serio peligro si no me quedo.Levon y Tanya intercambiaron una mirada de asombro.
- Rachel, de verdad… es esto lo que quieres? – preguntó Levon.
- No, no es lo que quiero, pero es lo que debo hacer.- En ese caso – dijo Tanya rompiendo un incómodo silencio –
debes quedarte. No te preocupes, nosotros encontraremos a tu amiga, vale? Levon, Dexter y yo nos aseguraremos de sacarla de allí y volveremos a reunirnos todos, de acuerdo? No te preocupes Rachel.- La verdad es que tendréis que hacerlo sin mí.Pero qué demonios estaba pasando? Qué había pasado en unos pocos minutos para que dos de sus compañeros se rindieran? Levon no lo sabía, pero así como Rachel parecía muy asustada y triste, Dexter se acercaba sonriendo junto a un hombre desconocido.
- Chicos, os presento a Michael Molina.
- Michael Mo… espera un momento… pero no es él a quien ibas a buscar a esa isla?? – dijo atónita Tanya.
- El mismo, encantado de conoceros – Michael les sonrió amistosamente –
Escuchad chicos, he estado hablando con Dexter y… veréis no creo que nadie deba ir allí.- Cómo que no? Por qué?? Qué ha pasado con los demás… hubo más supervivientes? Dónde están, cómo saliste de allí, qué…- Eh, eh, espera chica… dame un respiro.- Mira Michael – interrumpió Levon –
nosotros no hemos tenido ni un minuto de respiro desde que vuestro avión se estrelló. Nos hemos visto implicados en secuestros, asesinatos, secretos, persecuciones, desconfianzas… todo por ir a buscar a alguien a esa maldita isla. Nos vas a decir lo que queremos saber?La fulminante mirada de aquel hombre que surcaba la habitación y analizaba cada uno de mis movimientos no hacía sino acrecentar los nervios que dirigían mis pies de un lado a otro en aquella reducida esquina. Sin ningún intento por ocultar mi impaciencia, me paseaba de un lado a otro como un animal encarcelado y al que deben darle alimento cuanto antes. Yo, en mi caso, necesitaba respuestas.
El incansable trabajo de Mike estaba hecho y ahora era a mí a quien le correspondía continuarlo. El peso y la responsabilidad que nosotras dos intentamos apartar, viviendo en la ilusión de que podríamos retomar nuestras vidas sin dificultad y sin remordimientos, aceptando a duras penas que ya no estaba en nuestra mano hacer nada más, todos estos meses en que creímos ser libres, ignorando que siempre seríamos vigiladas tanto por ojos extraños como por nuestra más elevada conciencia, cayeron sobre mis manos por fin.
Tan sólo unas noches atrás, después de abrir la puerta a altas horas de la noche, de abrazar a Michael entre lágrimas como la primera y última vez, fue él quien me entregó los documentos que con tanto cuidado había recopilado. Sabía que era lo único que necesitaba Widmore, y lo único que necesitábamos nosotros.
Y había llegado el momento de afrontarlo, de aceptar que no habría libertad posible fuera de la isla hasta que regresáramos, hasta que pudiéramos deshacer un error, ayudar a quienes nos ayudaron, y saber la verdad sobre aquello y nosotros mismos.
Había llegado el momento de volver.
Suspiré y miré de reojo a aquel hombre que parecía tan concentrado en mí como en la conversación que tenía lugar en la otra habitación. En su despacho, Jane continuaba hablando con Scott y pronto sería mi turno. Tomé aire despacio y lo dejé escapar junto con mis nervios.
Por fin había llegado el momento de volver.Día 84. Noche. En la cabañaHombre: -
Siempre he vivido aquí.Johnny: -
Y los otros … ¿ nunca te han atacado?El hombre tenía delante unas cuantas herramientas: un par de cuchillos, unas tenazas y un martillo, el cual tenía en la mano y estaba usando para quitarle a Johnny las esposas. Irathor se sentaba justo al lado de ambos hombres.
Hombre: -
No fue fácil al principio. Tampoco cuando parte de su equipo se reveló y ocurrió la purga.Irathor: -
¿Qué purga?Hombre: -
¿Oh, no os lo han contado? – el hombre dejó el martillo encima de la mesa y cogió los alicates –
Ocurrió hace bastantes años ya. Digamos … que fue un motín.
El hombre hizo fuerza y consiguió arrancarle las esposas a Johnny. Después él se frotaba las muñecas con sus propias manos.
Hombre: -
Se puede infectar las heridas así. Tenga – le ofreció una palangana con agua con una sonrisa en la cara –
métalas en agua un rato.Irathor miraba las herramientas y volvía a mirar al hombre. Todo eso, los muebles viejos, los botes con especias, el cuadro de la pared… le daba mala espina. Después se sentó en la silla que había ocupado Johnny un momento antes y se preparó para librarse de las esposas.
Irathor: -
Y dígame ¿siempre ha vivido solo?Hombre: -
En esta isla nunca se vive solo – comenzó a golpear las cadenas –
Pero si te refieres a esta casa digamos que la he compartido con alguien más.Johnny: -
¿Y dónde está ahora ese alguien?Hombre: -
Murió – dijo tras pensárselo mucho. –
Murió hace mucho tiempo. Pero aquí no hay tiempo de aburrirse. Cuando ustedes se vayan vendrán otros, y después otros… Siempre ha sido así.Irathor: -
¿Esto ya ha ocurrido antes?Hombre: -
Y volverá a ocurrir – volvió a cambiar de herramienta –
Quiero decir que no aparecerán dos hombres esposados en mi puerta pero de vez en cuando alguien llama a mi puerta y yo les ofrezco mi hospitalidad: comida, un refugio…En las esposas de Irathor sonó un clic como si de tantos martillazos las esposas cedieran solas, o quizás fuera solo un truco de magia…
Hombre: -
Pues ya está. Si necesitáis algo más…Irathor metió sus manos en agua mientras Johnny se las secaba y se ponía unas hojas de aloe vera en las pequeñas raspaduras. Ambos se miraron porque deseaban salir de allí cuanto antes.
Johnny probó suerte con su petición:
Johnny: -
A mi amigo y a mí nos gustaría saber si nos podríamos llevar esos dos cuchillos que hay en la mesa.
El hombre resopló y después sonrió como esperando que se lo pidieran. Mientras, recogía el resto de herramientas.
Hombre: -
Lleváoslos. Ya no los uso casi nunca.Tras terminar de curarse las heridas los chicos se despidieron del hombre y salieron de la cabaña. Después la luz de ésta se apagó y se hizo la oscuridad.
10 de diciembre. Fiji.- … y hace unos días conseguí salir de allí con una pequeña balsa. Un barco nos rescató y…
- Nos?? – preguntó Tanya
- Sí a mí y… a otra compañera. Sólo salimos dos, el resto decidió esperar la ayuda. Bueno, al menos los que quedaban cuando yo me fui… Ése lugar es extraño, y está lleno de gente que no ha hecho más que complicarnos terriblemente la vida. La verdad, no puedo asegurar que todos sigan bien.- Conociste a mi amiga, Claire? – preguntó Rachel.
- No, no la vi. Yo estaba con un grupo de supervivientes pero, por los Otros supimos que había otros dos grupos. No puedo decirte cómo está o si sobrevivió, lo siento.- Entablasteis relación con alguno de los nativos? – preguntó Levon.
- Bueno, sí y no… Sobre todo con Anne, una doctora que nos ayudó a sobrevivir en los primeros días y con Randy, que nos puso las cosas difíciles pero al final nos facilitó el modo de salir. Pero además de ellos había una francesa loca, y coincidimos alguna vez con un tal Tom y… Ben, y el resto de su gente. Ah, bueno! Al principio, cuando estábamos encerrados nos visitaba un tal Gregory.
- El doctor?? Gregory?? – se sorprendió Levon.
- Sí, así es pero… Eh! Eh, ven aquí!! – Michael llamó a una chica que estaba subiendo a bordo junto al tal Gabriel.
La chica se acercó al grupo y Michael la presentó como la otra superviviente que había salido de allí con él. Su plan era sencillo, Michael se quedaría fuera y ella volvería a la isla para sacar a los demás. Pero Tanya y Levon no veían nada claro ese plan, a menos que contaran con más ayuda de la que decían tener.
- Bueno, seguís queriendo ir? Desde fuera también podemos ayudarles.
- Mis razones para ir a la isla no han cambiado Michael, lo siento – dijo Levon –
Agradezco la ayuda y la información, pero debo ir.- Lo mismo digo – apuntó Tanya –
no me has dicho nada de la persona que busco, así que… debo ir a comprobar yo mismo si sigue allí. He hecho un largo camino hasta aquí, no voy a echarme atrás ahora.La despedida que siguió a esas palabras fue realmente conmovedora. Dexter, aunque feliz por reencontrarse por su amigo y terminar con todo ese asunto, se sentía ahora demasiado metido en la historia como para no sentir que estaba traicionando a sus nuevos amigos; además estaba el asunto de Tanya, a quien había empezado a apreciar de verdad.
Rachel, al contrario, sí sabía a ciencia cierta lo mal que se sentía por quedarse, por abandonar a Claire a su suerte junto a Tanya y Levon, dos personas que la habían ayudado tanto a pesar de las desconfianzas y adversidades, que no podía evitar sentirse terriblemente culpable. Sin embargo, también sabía que si se iba la traición sería hacia Eero, alguien que durante mucho tiempo también la ayudó y ahora corría peligro.
Día 84. Noche. En mitad de la selvaRon había salido a buscar a Zohar puesto que tardaba en volver. Allí seguía, de rodillas, con la katana tirada a un lado y mirando hacia el suelo. Ron se acercó y le dio una palmada en la espalda.
Ron: -
Sé que es duro, amigo mío, pero la isla nunca deja de ponernos a prueba.Zohar: -
¡Déjame! ¡Yo no soy amigo tuyo! – le increpó
Ron: -
Por supuesto que no, pero estamos juntos en esto. Todos nosotros.Zohar alzó la vista. Por primera vez se sentía en paz consigo mismo. El peso que había llevado sobre sus hombros los últimos años había desaparecido y en cambio sólo le quedaba paz y tranquilidad. Recogió su katana, se puso en pié y sonrió a Ron.
Zohar: -
Volvamos con las chicas. No deberíamos de dejarlas solas.Cerca de ellos oyeron pasos y unas voces que les sonaban familiares. Irathor se detuvo al ver a Ron y a Zohar delante de ellos.
Irathor: -
¿Os han mandado a vosotros dos a atraparnos otra vez? Pensé que vuestra comuna hippie estaba mejor organizada. – dijo en tono burlón.
Zohar: -
No hemos salido a buscaros. Les hemos abandonado también.Irathor acercó el cuchillo a unos escasos milímetros de la garganta de Zohar
Irathor: -
¿Y por qué debería creer al puto árabe loco que se ha convertido en uno de ellos?Ron: -
¡Calmaos! Sí que os buscan, pero no nosotros. Ben ha enviado a tres hombres en vuestra búsqueda. – se calló al ver que ya no estaban esposados -
¿y cómo os habéis liberado de las esposas?Irathor: -
Ya tendremos tiempo de cuentos de misterio – respondió volviéndose a guardar el cuchillo –
si es verdad que nos persiguen hay que irse de aquí y borrar nuestras huellas tanto como podamos.Día 84. Noche. En mitad de la selvaSara por fin descansaba sentada en una piedra. Estaba exhausta y lo único que quería hacer es cerrar los ojos, descansar la mente y dormir. A su lado Martha y Nina discutían si hacer una hoguera y arriesgarse a ser encontrados o usar las mantas que Zohar había portado todo el rato. Una voz les interrumpió.
Tom: -
Vaya, vaya. ¿No te dijo Ben que no fueras a buscarles?Las tres se pusieron en pie. Nina intentó sacar su arma pero Tom, Luke y Greg les apuntaban con unos rifles.
Tom: -
¡Ahora lo entiendo! Estáis ayudándolos a ocultarse.Nina: -
Richard nos ha enviado a buscarles también.Tom: -
Richard no se encuentra aquí y ya nos habéis traicionado una vez. No me arriesgaré otra vez más. Tirad las armas.Tras ellos aparecieron los cuatro chicos. Ron apuntó con su rifle a Greg.
Ron: -
Primero tirad vosotros las vuestras.
Johnny se situó detrás de Luke empuñando el cuchillo en el sentido de su cuello y Zohar con su katana a la altura de Tom. Irathor se puso al lado de Nina.
Tom: -
¿Serás capaz de matar a más de los nuestros? Ron: -
No lo haré al menos que tiréis vuestras armas.Sara comenzó a tambalearse y a expulsar sangre por la boca hasta que perdió el conocimiento. Todos se quedaron atónitos. Cuando todos barajos la guardia uno de los chicos volvió a alzar el rifle, apuntando hacia Nina. El único que lo vio fue Irathor que sin pensárselo dos veces se tiró encima de Nina evitando que ella fuera herida.
Cuando ambos ya estaban en el suelo del costado de Irathor empezó a brotar sangre a borbotones mientras que Martha se encargaba de despertar a Sara.
Tom se giró hacia Greg
Tom: -
¿Qué has hecho, estúpido?El chico se quedó pálido e hizo un amago de acercarse a ver las consecuencias del disparo. Pero Zohar, Johnny y Ron les detuvieron.
Zohar: -
¡Tirad las armas ya!Tom hizo un gesto a los dos hombres y dejaron sus armas en el suelo. En cambio Nina aún tardó unos segundos en reaccionar. Irathor le había salvado del disparo. De todos ellos había sido él.
A partir de ese momento todo sucedió muy rápido, tanto que si le preguntaran a cualquiera de los que se encontraban allí no podría decir con exactitud lo que ocurrió.
Nina: -
¡Está herido! ¡Irathor está herido!Nina giró el cuerpo de Irathor y vio que de su boca también brotaba sangre.
Ron: -
El disparo les habrá alertado. ¡Hay que alejarse de aquí!Johnny: -
No podemos dejarles aquí ni cargar con ambos.Zohar: -
¿Y qué hacemos con ellos?Tom: -
Adelante! Matadnos. ¡Ya lo habéis hecho antes!Ron: -
¿Crees que nos gustó lo que pasó? No lo volveremos a hacer!Nina: -
Se está muriendo. ¡Haced algo!Martha: -
¡Sara! Despierta Sara. ¡No te nos vayas tú también!Johnny: -
¡Joder! Nos tenemos que ir ya!Zohar hizo que los tres hombres se pusieran en pie. Se acercó a Tom.
Zohar: -
Lo siento.Tom cayó inconsciente al suelo del golpe. Con los otros dos chicos hicieron lo mismo y así pudieron ayudar a Nina y a Martha con Sara e Irathor.
Sara volvió en sí como si nada hubiera ocurrido.
Martha: -
¿Estás bien, Sara?Sara: -
No … no lo sé. ¡Dónde estoy?Martha: -
Te desvaneciste. Toma – le acercó la cantimplora y la hizo dar un trago de agua –
bebe mientras intento taponar la herida de Irathor.Martha entonces rasgó un poco la camisa del herido y tomó una camiseta de las que llevaba en su mochila para taponar la herida pero no dejaba de sangrar y no llevaba el instrumental adecuado. Además que el caduceo quedaba bastante lejos de allí.
Éste comenzó a toser y entonces fue consciente de lo que tenía que ocurrir. Agarró como pudo a Johnny del cuello de su camiseta y le susurró algo al oído.
Irathor: -
Es mi fin, amigo mío. Dejadme en el río y que la corriente me lleve. Prométeme – la frase se interrumpió por otro ataque de tos –
prométeme que saldréis de esta.Johnny le miró con rabia porque su único apoyo se iba. Le asintió y cargó con él en sus hombros mientras Irathor se retorcía de dolor.
Johnny: -
Id hacia el caduceo en cuanto Sara se reponga, que os alcanzaré en un rato.En el río Johnny apoyó el cuerpo de Irathor en unas rocas. Con un hilillo de voz Irathor le susurró a Johnny.
Irathor: -
Resiste Johnny y sal de aquí en cuanto puedas.Johnny: -
No puedo creer que te vayamos a abandonar aquí.Irathor: - ¡
Tenéis que hacerlo u os atraparán otra vez! Johnny notó una lágrima que intentó disimular. Tomó el cuchillo que Irathor soltó al recibir el disparo y se lo puso en la mano a él.
Johnny: -
Ten. Por si algún animal intenta devorarte antes de caer muerto.Irathor lo agarró fuertemente y a los pocos segundos sus ojos se cerraron. Con todo el dolor de su corazón Johnny se levantó y corrió hacia donde el grupo se dirigía.
El caudal del río había crecido a causa de las últimas lluvias y mecía el cuerpo de Cole, mezclado el agua dulce con la sangre de la herida. Antes de perder el conocimiento del todo, sintió que las piedras que notaba bajo su cuerpo, bajo el agua, se habían quedado atrás dando paso a una superficie más suave, de arena y barro. Después sólo hubo una luz, silencio y al fin oscuridad.
10 de diciembre. Fiji.Finalmente, entre lágrimas, abrazos y últimos consejos, Tanya, Levon y sus nuevos compañeros de viaje embarcaron en el Kahana casi en el último momento. Los demás se quedaron en el muelle hasta que apenas fue un punto en el horizonte.
- Bueno, yo… debo irme Dex. Podéis quedaros con el coche, a mi me están esperando – dijo Rachel.
- Rachel seguro que estás bien?- No Dexter, pero lo estaré no te preocupes. Seguiremos en contacto vale – sonrío –
Me alegra mucho que al menos uno de nosotros tenga un final feliz, encantada de conocerte Michael.Dicho lo cual, Rachel se alejó hacia el coche de Widmore, donde la esperaba junto a un Eero aterrorizado.
Michael y Dexter se dirigieron hacia el coche, callándose mucho de lo que habían vivido esos días, pero felices de volver a estar juntos.
- Dexter, dios mío… bufff… - Scott llegó resoplando a su altura –
joder, creí que no llegaría a tiempo y ya habríais marchado.- Bueno la verdad es que sí han partido al final yo me he quedado porqu.. eh! EH! Scott, ven éste es mi amig…Pero Scott no lo oía, ya no podía. Su mente parecía bloqueada y sólo le mandaba un mensaje: corre. Pero por mucho que corría hacia el embarcadero, por muy rápido que sus piernas se movían, lo único que pudo ver cuando llegó fue al Kahana muy lejos. Casi le pareció ver a Tanya sonriendo en la barandilla del carguero, pero sabía que eso sólo era una broma macabra de su mente.
-
No –dijo casi susurrando-
¡NO! ¡¡NOOO!!
-Scott, ¿qué…?
-Tengo que llegar hasta allí, ¡TENGO QUE HACERLO!
-El barco ha zarpado. ¡No puedes!
-¡Me arruinó la vida y ahora está allí! ¡No tiene derecho! ¡ME ARRUINÓ LA VIDA!Scott cayó de rodillas sobre el asfalto y se echó a llorar, desesperado, agotado por haber estado tan cerca… Dexter le abrazó con nerviosismo ya que no sabía el motivo de su desesperación. Michael, unos metros más atrás, observaba la escena sin tener la menor idea de qué estaba pasando.
Había gritado tanto que tenía la voz rota, parte de ello por el dolor que le producía aquella situación. Con un hilo de voz y sollozando dijo:
-No puede ser, no… no puede ser.Miró a su alrededor: el muelle estaba vacío, ni otros barcos ni balsas, nada que pudiera acercarle a ella. Nada que pudiera ayudarle a matar a Tanya. Se le había escapado para siempre.
Viernes 17 de diciembre del 2004. Día 87La chica no se había apartado de su lado desde el momento en que volvió a encontrarse con él. Tenía miedo de su muerte, porque significaría que todo, la búsqueda, el largo viaje, todo habría sido en vano.
Ella había pasado la noche sentada al lado de su cama, dando cabezadas de vez en cuando y vigilando por si despertaba. Se incorporó y se acercó al pequeño lavabo situado en una de las paredes de la habitación. Se refrescó un poco la cara y después se miró al espejo. Al hacerlo notó que el hombre de la cama se movía. Estaba despertando tras tantos días en coma. La chica recogió su melena pelirroja y se acercó a la cama rápidamente. No podía ocultar su cara de felicidad.
Él abrió los ojos. Pensó que estaba muerto porque la última vez que había visto el rostro de aquella mujer se alejaba en la distancia. Intentó hablar, pero la chica se lo impidió:
- No hables. Sí, soy yo. Te salvamos la vida. Estás vivo, Irathor!Ella se levantó corriendo y se acercó a la puerta decorada con el símbolo del caduceo. La abrió y llamó a sus amigos desde ella:
Frances: -
Tania, Levon, Gabriel. Irathor se ha despertado